Odegaard, el pasado mes de diciembre ante el Shakhtar en la Champions League.
Odegaard, el pasado mes de diciembre ante el Shakhtar en la Champions League.AFP

La venta de Martin Odegaard al Arsenal anunciada este viernes pone de relieve los dos planos en los que se mueve la cuestión estratégica de la juventud en el Real Madrid en estos tiempos de pandemia: el dinero y el balón. Por un lado, la salida del noruego, de 22 años, por unos 35 millones de euros al artilleros Supone un claro acierto económico para el club con un jugador que fichó en el invierno de 2015 por 2.8; y que se marcha del Bernabéu con apenas 11 partidos jugados, cero goles y cero asistencias.

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En este momento de dificultades económicas por el covid, hay algunas promesas, hechas en Valdebebas o adquiridas en el exterior, que están suavizando el impacto en la hacienda blanca. El medio se suma a otros nombres de la casa, como Achraf (41 millones), Reguilón (30) u Óscar Rodríguez (13,5), cuyos últimos fichajes han servido para amortiguar el golpe y satisfacer la máxima prioridad de hacer caja. mientras dure este estado de excepción. Atrapados por los generosos contratos de veteranos como Isco, Marcelo y Bale, y apuestas fallidas como Mariano, desde que apareció el bicho la mayor parte de los ingresos en Concha Espina ha venido de veinteañeros en alza más que de apellidos notables, a excepción de Varane. (por 40 a United).

El club blanco, en modo cobranza por la pandemia, ya ha traspasado a Achraf, Reguilón y Óscar

Sin embargo, la inyección monetaria que deja la partida del rubio nórdico a su zona de confort londinense, donde ya recibió los mimos de Mikel Arteta cuando se fue el pasado mes de enero, es una historia de dos caras. Si bien el perfil económico trae alivio, el deportivo vuelve a demostrar que el anunciado cambio generacional de la plantilla no se consuma a pesar de la gran batería de contrataciones.

Odegaard puede considerarse el primer fichaje de campanas de todos los jóvenes que han aterrizado en el cuadro blanco en los últimos años. Su aparición recibió la máxima atención que podría tener un chico de 16 años, buscado por las principales entidades de Europa y que aterrizó en Valdebebas tras un minucioso proceso electoral llevado a cabo junto a su padre. Fue presentado por Emilio Butragueño y, aunque empezó a jugar en el Castilla de Zidane, subía con frecuencia a entrenar con el primer equipo. Y fue, de hecho, el primer debutante de la historia del club: a los 16 años y 157 días, ante el Getafe en la última jornada de la 2014/15, precisamente con Ancelotti en el banquillo y sustituyendo a Cristiano. Una foto que también tenía algo simbólico: la megaestrella y una importante apuesta de futuro.

“Tengo mis razones”

Pero, seis años después, el noruego se marchó prácticamente sin abrir la boca en el terreno de juego con el escudo madrileño. Sus buenas actuaciones cedidas en Vitesse, Real Sociedad y Arsenal le convirtieron en un activo para cubrir la parcela central en los próximos años, donde Modric (salvo este domingo ante el Levante por problemas de aductores) está a pocos días de cumplir El 36 y un al declive de Isco solo le queda una campaña de contrato. Se recuperó en los dos últimos veranos para rejuvenecer esa zona y prepararse para el traspaso de poderes, pero la operación deportiva nunca tuvo éxito.

La temporada pasada pidió marcharse en enero frustrado por la falta de minutos con Zidane y en esta tampoco vio las cosas muy claras. “La mayor parte de lo que dicen no es la verdad. Tengo mis motivos, sé lo que pasó y por eso creo que es lo mejor ”, dijo el jugador en su despedida, en respuesta al comentario general de que no quemó todos sus barcos en Madrid.

Su salida altera los planes inmediatos del club en un centro del campo que, de momento, no lo ha necesitado en exceso gracias al siempre acertado trío (Casemiro-Modric-Kroos), pero que no puede retrasar mucho más el progresivo traspaso de jerarquías. Esa debería haber sido, principalmente con Valverde, la misión de Odegaard a corto plazo. Ese fue el objetivo final cuando firmó a los 16 años, instruirlo para que asumiera el cargo cuando llegara el momento. Sin embargo, en la última temporada, el plan deportivo no rindió frutos.

Odegaard tuvo que oxigenar el alma de un equipo que tampoco da ese paso en un ataque

Si para ese relevo generacional en el medio no ha habido grandes urgencias hasta ahora, las necesidades en el ataque han sido apremiantes y tampoco se ha dado. En este caso, no por la ausencia o venta de efectivo, como ocurre con el noruego, sino porque las apuestas no terminan de germinar. Ni los 45 millones invertidos antes de la pandemia en Vinicius y Rodrygo, ni mucho menos los 60 millones de Jovic, ni la apuesta por Asensio han llevado hasta ahora un delantero colgando de una sola pinza, la de Benzema (renovada hasta 2023), de pobre. Con cualquiera de estos nombres, además, la rentabilidad económica corre grave peligro. El ejemplo obvio es el de Jovic.

Una apuesta por estos jóvenes atacantes que aún no reporta grandes resultados a pesar de la cantidad de oportunidades que también les han brindado las continuas lesiones de Hazard. En defensa, mientras tanto, se ha encendido una luz con el taco de Militão (50 millones, el defensa más caro del club). Los dirigentes han creído que entre su resurrección, Alaba y Nacho pueden afrontar un futuro atrás sin la pareja Ramos-Varane.

Los jóvenes se han convertido en los últimos tiempos en Madrid en un asunto estratégico. De momento, no han traído el relevo generacional esperado, aunque varios de ellos han servido de flotador financiero en un club que se ha puesto en modo recaudatorio.

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