Nosotros estamos en guerra. O, al menos, eso es lo que asegura la diputada de JxCat Francesc de Dalmases. Así lo proclamó solemnemente el líder nacionalista hace unos días en el Parlamento autonómico de Cataluña.

Y Dalmases no es un chico cualquiera. Es la mano derecha de Laura Borràs (otro que también dice que estamos en guerra), presidente del Parlamento y candidato a la presidencia de la Generalitat por el partido de los fugados Carles puigdemont en las elecciones de febrero. Formación que, no lo olvidemos, gobierna esta comunidad en coalición con ERC.

Viendo lo que hay, no parece que los indultos hayan sido un buen negocio para el coexistencia en Cataluña.

Aunque no todo el mundo piensa así. Mis amigos tercero (Ya sabes, los de la tercera vía, indultos, negociación con los sediciosos y otros inocente similares) dicen que no se preocupen. Que son solo palabras vacías. Que sus tonterías solo responden a su rabia, a su frustración y su impotencia. Y que, por mucho que se jacten de ello, no lo volverán a hacer.

Supongo que quieren decir que no volverán a declarar la independencia. Y estoy de acuerdo. Pero no por los indultos, por supuesto. No lo volverán a hacer por el respuesta ejemplar de la Policía Nacional y la Guardia Civil bajo orden judicial el 1-O. Y debido a la posterior actuación de los tribunales, que llevó a algunos dirigentes de la tu procesas pasar varios años en la sombra (aunque mucho menos de lo que recomienda el sentido común).

Lo que me parece que mis amigos terceros siguen cometiendo errores es pensar que amenazas como la de “estamos en guerra” son solo palabras vacías. Hay hechos que confirman la materialización de la intimidación de personajes como Dalmases. Veamos algunos de ellos.

Basta con hojear el proyecto de presupuesto de la Generalitat para verificarlo. Por ejemplo, las cuentas presentadas por el Gobierno planean asignar 284 millones de euros a TV3 y Catalunya Ràdio. Un pozo sin fondo que ya se ha tragado miles de millones de euros y cuyo principal objetivo es promover el secesionismo y el odio a España.

También son inquietantes 94 millones consignado a Acción exterior, Un 28% más que en las cuentas anteriores. Esto incluye 4 millones adicionales para embajadas comunidades autónomas en el exterior, cuya función casi única es erosionar en la medida de lo posible la imagen internacional de España. Todo ello a pesar de que la Constitución reserva “exclusivamente” a la Administración General del Estado las competencias en las “relaciones internacionales” (artículo 149) y que el Tribunal de Cuentas tiene abierta disputa con una treintena de líderes independentistas por promover la tu procesas en el extranjero con dinero público. Un chiringuito que, además, brinda a los propagandistas bajo las órdenes del consejero Victòria Alsina sueldos muy generosos.

No menos escalofriante es el proyecto del Ministerio de Educación, liderado por el ilustre Josep González-Cambray (ERC), reforzar inmersión lingüística escolar obligatoria exclusivamente en catalán (o lo que es lo mismo, discriminación de los niños catalanes hispanohablantes) y establecer una especie de comités de control de la lengua utilizada por profesores y alumnos en las escuelas. Un plan que incluye “cursos de sensibilización” para quienes insisten en utilizar de vez en cuando la lengua oficial de la mayoría de los catalanes, es decir, el español.

También es preocupante el grupo de trabajo propuesto por ERC a la CUP para preparar un referéndum secesionista (sí, otro referéndum) mientras muestran su absoluto desprecio por el PSC.

Veamos si al final será cierto que estamos en guerra y algunos no se han enterado.