España ha alcanzado el récord de nueve millones de ocupados (9.089.400 exactamente) con estudios superiores. Representa casi la mitad del empleo existente y representa un aumento adicional de la sobrecualificación. en formación ya que no hay tantos puestos de trabajo para tantos egresados ​​como existe un modelo de crecimiento económico basado en los servicios.

Este sector representa el 76% del empleo y un mercado laboral cada vez más precario se alimenta mayoritariamente de trabajadores de la industria hotelera, la restauración y el comercio, actividades en las que no es necesaria una titulación universitaria.

Estas cifras muestran que muchos trabajadores con educación superior se ven obligados a aceptar cualquier trabajo precario por debajo de su nivel de formación mientras las universidades siguen fabricando subempleados y parados ajenos a las necesidades laborales de las empresas y los cambios del mercado. Y, mientras, el Gobierno fomenta el trabajo por cuenta propia (autónomos) cuando el país necesita un empleo estable y más nóminas para garantizar los ingresos del Estado y la Seguridad Social.

Además, la mayoría de las universidades son públicas y están en manos de las Comunidades Autónomas que imparten titulaciones también ajenas a la actividad económica, buscando en su mayor parte la excelencia propagandística de la región y su clase política. Es decir, a la tradicional “titulitis” que se pretende, ya que la mayoría de los ciudadanos quieren tener un título universitario que no garantice el empleo ya menos que corresponda a los estudios terminados, hay una inflación de centros y titulaciones que nada tiene que ver con el modelo de crecimiento actual, pero que genera un gasto público enorme.

A la tradicional “titulitis” se suma una inflación de centros y grados que nada tiene que ver con el actual modelo de crecimiento, pero que provoca un enorme gasto público

Por si fuera poco, se están produciendo generaciones de graduados que, ante las dificultades de encontrar un trabajo acorde con su titulación en España, salen al extranjero en busca de mejor fortuna. Por lo tanto, la mano de obra calificada se exporta en gran parte pagada por los impuestos de los ciudadanos, mientras que importamos trabajadores con poca o baja cualificación para atender las exigencias del modelo productivo actual.

La última crisis sanitaria y económica ha acentuado el crecimiento de titulados en el mercado laboral. Según datos de la EPA (Labor Force Survey) del segundo trimestre de 2021, hay 9,1 millones de personas ocupadas con un nivel de formación superior de estudios frente a los 8,6 millones existentes en el mismo período del año anterior. Es decir, ha habido un aumento de más de 500.000 de estos empleados en un año (6,1% más) y 400.000 más en comparación con 2019, el año anterior a la pandemia.

Estas cifras no significan que ahora haya más trabajo para los egresados, sino que se ven obligados a ubicarse donde pueden. E incluso en muchos casos modificar sus CV para evitar que la titulación les impida contratar porque en muchos convenios existen tablas salariales que regulan su incorporación. Es decir, aceptan cualquier oferta mientras esperan mejores oportunidades porque no hay empleo de tu nivel académico.

este auge de la contratación de egresados, según fuentes sindicales, también se ha venido produciendo como consecuencia de la devaluación salarial producida en España desde 2012 ya que muchas empresas ahora encuentran más fácil obtener un título al mismo costo o similar al de un empleado poco calificado.

Según un estudio del colectivo Nada es Gratis realizado en 2010, con la participación de Luis Garicano, Florentino Felgueroso y Sergi Jiménez, solo el 53% de los que tenían estudios universitarios tenían trabajos para los que se requería la educación recibida en comparación con el 66% en la UE.

El porcentaje es probablemente más bajo ahora, lo que significa que menos de la mitad de los graduados están en ocupaciones que requieren un título universitario. Lo que es una gran pérdida de capital humano y gasto público. En todo caso, España es el país con la tasa de empleo adecuada más baja con respecto al nivel de educación superior. En otras palabras, tener estudios es cada vez menos útil en comparación con otros países de la UE. Es un problema que se viene arrastrando desde 1996 y que ahora se acentúa con la nueva crisis.

El 40% de los ocupados con estudios superiores son menores de 40 años, aunque la sobrecualificación es un fenómeno que se da en todas las etapas de edad.

Los 9,1 millones de ocupados con estudios superiores representan el 46,2% de la población activa total que trabaja (19,6 millones), dos décimas más que hace un año y casi tres puntos más que en 2019 antes de la pandemia. Que no hay trabajo para los egresados ​​y que aceptan cualquier trabajo, antes de emigrar (si pueden), lo demuestra el hecho de que en 2007, al inicio de la Gran Depresión, solo el 33,1% de la población activa tenía esta formación ( 6,8 millones de personas con educación superior).

Es a partir de 2012, con la entrada en vigor de la reforma laboral que facilitó la reducción de salarios en el sector privado y la flexibilidad en la contratación, cuando ese porcentaje de egresados ​​sobre la ocupación ascendió al 40%. Por tanto, nunca ha existido una plantilla con un nivel de estudios tan alto y nunca ha tenido tantos problemas para entrar y permanecer en el mercado laboral y, lo que es peor, para encontrar un puesto acorde con su formación.

Esta situación de sobrecualificación no aparece en su extensión en las estadísticas oficiales de subempleo, en el que España ocupa el tercer lugar de la UE después de Grecia e Italia, ya que solo recoge las cifras de ocupados que desean trabajar más horas de las que habitualmente lo hacen con respecto a la jornada completa en la actividad.

En cualquier caso, hay 673.000 subempleados con estudios superiores (casi un tercio del total de subempleados) que quisieran trabajar más horas de las que trabajan y que no pueden. En el año pasado ha crecido en 145.000 personas (27% más), lo que demuestra el aumento de la precariedad en el mercado español.

La EPA no ofrece estadísticas públicas sobre en qué sectores y actividades estos empleados trabajan con educación superior o detalles sobre su sobrecalificación y subempleo. De la información proporcionada por edad, se desprende que el 40% de todos los ocupados con educación superior acumulan hasta los 39 años. El grupo de 40 a 49 años representa el 35% y el grupo de más de 50 años el 25% restante.

En cualquier caso, sobrecualificación es un fenómeno que ocurre en todas las etapas de la edad ya que muchos estudiantes universitarios tienen que ubicarse en el puesto que más tienen a mano en lugar de uno según su formación actual. Otro dato interesante es que el 52% de quienes tienen este tipo de formación son mujeres. Es decir, son los más afectados por este problema.