Danjuma y Costa pelean por un balón aéreo
Danjuma y Costa pelean por un balón aéreoCati Cladera / EFE

Cuatro empates en cuatro partidos contempla el Villarreal, que hace bastantes cosas bien, pero no acaba de encender la luz ante la portería rival. En tres de esos duelos se quedó a cero, tanto en su portería como en la contraria. Volvió a suceder en Palma, donde se disfrutó de una agradable mañana de fútbol sin firma, un cuerpo a cuerpo en el que se disputaron dos estilos. El Villarreal quería crecer desde el juego corto, el toque y el apoyo. Mallorca era más un equipo en la medida en que podía correr. Así fue como anotó un gol a falta de diez minutos para el final, pero Albiol se mantuvo vivo en el mando amarillo para dar un paso al frente salvador que puso en fuera de juego al delantero norteamericano Hoppe.

El Mallorca podría ganar, no hubiera sido nada justo. Sufrió minutos no de sumisión, sino de cierto malestar. El equipo entrenado por Luis García-Plaza tenía, sin embargo, un valor, un equipo recién ascendido que se oponía a uno que juega la Champions, y es que sabía qué partido tenía que jugar, lo entendía y lo interpretaba. cómodo en el retiro y con mucho colmillo cuando se abrieron los espacios y salió a toda velocidad. El Mallorca ha sido valiente y atrevido en la carrera, pero sobre todo ha encontrado un camino que le aleja del que recorrió cuando perdió la categoría hace dos temporadas: en los tres primeros partidos de Liga apenas ha encajado goles en dos de ellos. .

Fue un juego de desgaste. Quizás haya mejores épocas para jugar un partido en Mallorca cuando el verano todavía está en el calendario. No hubo grandes oportunidades para que los porteros se lucieran. Danjuma y Dia apuntaron desde el principio, pero siempre hubo defensores dispuestos a bloquear sus tiros. Las mejores respuestas del Mallorca llegaron nada más volver del descanso. Encontró fluidez con Amath y Dani Rodríguez y pareció llevar el juego a su terreno, el del galope lejos de los premios exhibidos por su rival, más propenso a la elaboración.

Luego, Unai Emery tomó la palabra como solo lo hacen los entrenadores que quieren ser escuchados. Pidió cuatro relevos, los puso en el campo y cambió la señal del juego. En resumen, recuperó el control. Los clásicos del baloncesto llamaron a este tipo de maniobras “cambios estadounidenses”. El fútbol contemporáneo permite esos cambios y Emery está ahí para exprimir al máximo el reglamento.

Entró Dani Parejo, Yéremi Pino lo acompañó y Moi Gómez comenzó a evolucionar desde adentro, cerca de ellos. La conexión cambió a Villarreal, que llevaba las riendas del caballo. El otro plan de póquer que envidiaba Emery, el de buscar la velocidad de Alberto Moreno y el remate de Paco Alcácer, sin minutos en los días previos, fue más difuso. El Mallorca se dobló, tiró las llaves al mar y el Villarreal no solo no pudo encontrarlas sino que volvió a pasar por problemas cuando el partido avanzaba hacia su clímax. Pudo haber llegado un gol de Hoppe, que estuvo más atento a pedir el balón que a vigilar su posición respecto al cierre de la defensa amarilla, el experto Albiol, que exhibió galones en una jugada decisiva en la que no necesitó el pelota para mostrar su talento defensivo.

El empate final agradó más al Mallorca, que ya tiene ocho puntos y tiene la perspectiva de una visita al Bernabéu el miércoles, que al Villarreal, que no ha ganado ni perdido en los cuatro partidos que ha jugado, con el duelo contra él. Alavés pospuso. Y acumular empates es perjudicial cuando las aspiraciones son escalar posiciones hasta lo más alto.

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