Alfonso 'Pacha' Espino celebra el sorteo del Cádiz.
Alfonso ‘Pacha’ Espino celebra el sorteo del Cádiz.AFP7 vía Europa Press / Europa Press

Nada es predecible en el fútbol. El Levante se creyó vencedor en Cádiz, donde gobernó el partido con excelentes minutos, dominó el marcador e incluso tuvo la sentencia en la recta final. Pero todo acabó en empate (1-1) tras un gol del lateral Espino en la última jugada del partido. Cádiz, por limitada que sea, mostró un valor que es el oro, el de casta y fe. También vale la pena agregarlo. “Esto es Cádiz, luchando hasta el final”, explicó el inesperado goleador mientras el equipo se marchaba entre vítores.

El Levante apuesta por el valor de la continuidad. Consolidado en la categoría, con la ilusión, quizás no muy explícita, de dar el paso que le lleve a la competición europea, ha luchado durante el verano por mantenerse dentro del tope salarial marcado por el empresario. Incluso se apuntó a la dimisión de Campaña, su futbolista mejor pagado. Esa posibilidad parece aparcada. En el estreno liguero actuó como capitán general, actuó como centrocampista y gobernó el partido a pesar de que, enredado en una lesión muscular que no tenía fin, no había disputado un partido oficial desde noviembre pasado.

Campaña marcó el ritmo, primero con Melero de teniente, luego con el debutante Pablo Martínez, duplas que aluden a las expectativas del Levante. Y el comandante no faltó. Morales marcó antes del descanso a través de un delicioso hilo y dejó claro que Paco López no lidera una tropa cualquiera. Dominó el Cádiz, cuestión que no suele preocupar demasiado al equipo que dirige Álvaro Cervera, pero sobre todo lo sometió de tal forma que durante esa primera parte más opciones de llegar al área que con jugadas a balón parado. Así marcó Negredo en medio de ese intervalo, resultado del pizarrón, pero también por delante de la zaga rival. El VAR validó la decisión del juez de línea, que ya había izado la bandera y matizado la alegría de la afición local.

La gente volvió al estadio de Cádiz para saborear una categoría de la que no había podido disfrutar la pasada temporada. Y el feudo tuvo un nuevo nombre, el Nuevo Mirandilla, nombre que es bienvenido en medio de polémicas y advertencias de los dirigentes del club, quienes anuncian su intención de construir un campo propio que no dependa de vaivenes políticos y se llama Carranza. Más allá de estas disputas, Cádiz obedece a los dictados de Álvaro Cervera: pico y pala.

Sentencia de Morales

En desventaja desde el epílogo de la primera parte, la caja amarilla tomó las herramientas y buscó los caminos hacia el empate. Con atajos, como de costumbre. El Levante tuvo la madurez suficiente para defenderse con el balón. Lo manejó tan pronto como su técnico renovó el equipo. También liberó a Morales del esfuerzo defensivo en el flanco izquierdo. Y estaba dispuesto a sufrir porque el Cádiz, sin alardear, no dejaba de mirar a portería, siempre dispuesto a lanzar centros al área y acertar en la estrategia. Fue allí donde tuvo que aplicarse Aitor Fernández para despejar un cabezazo del armenio Haroyan tras un saque de esquina.

La proximidad del final invitó a Paco López a salvarse. En el camino que buscaba ganar, también resultaron lesionados dos delanteros, Soldado y Dani Gómez. Morales terminó en cabeza y Campaña, exhausto, en el banquillo. El comandante tuvo que sentenciar en un mano a mano con el portero tras la pifia de Perea. El balón se fue al poste y le dio al Cádiz una última vida. Y, por supuesto, lo exprimió.

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