Las crisis aumentan las desigualdades y las afianzan. En España y en muchas otras economías desarrolladas, la concentración de la riqueza ha ido en aumento en los últimos años: el 1% más rico tiene en sus manos el 17% de la renta nacional, frente al 13% que ostentaba en 2007, antes de la Gran Recesión. Los segmentos más humildes y con trabajos menos calificados fueron los más golpeados por el estallido de la burbuja inmobiliaria, y aunque venían recuperando terreno en los últimos años, aún no habían logrado recuperar el nivel de ingresos cuando llegó la emergencia sanitaria. . “El estallido de la pandemia de covid-19 frenó este proceso de recuperación y la evidencia más reciente apunta a un aumento de la desigualdad de ingresos”, señala el estudio Desigualdad y redistribución de la renta en España: nueva evidencia de la metodología del World Inequality Labpublicado este miércoles por el grupo de expertos EsadeEcPol.

¿Este aumento de la desigualdad se explica porque los ricos se enriquecen con las crisis o porque los más pobres acaban viéndose afectados en mayor medida? “Las dos cosas”, explica Clara Martínez-Toledano, miembro senior de EsadeEcPol, profesor del Imperial College London y coautor del informe con Miguel Artola Blanco y Alice Sodano. El investigador explica que las rentas más bajas son las más afectadas por el aumento del desempleo y los recortes salariales que se producen en las recesiones. “Por otro lado, el mercado de valores se recupera más rápido que el empleo, y las personas de mayores ingresos tienen más activos financieros. Esto hace que el 1% más rico pase de representar el 13% del ingreso nacional al 17%”.

Estos porcentajes se refieren a 2019 y se han calculado en base a una nueva metodología que intenta corregir las lagunas y limitaciones de los métodos tradicionales. La base del análisis son las llamadas Cuentas Nacionales Distributivas, desarrolladas por el economista progresista francés Thomas Piketty, entre otros autores, bajo el paraguas del World Inequality Lab y a partir de un estudio centrado en Estados Unidos.

El informe publicado este miércoles concluye que los niveles de desigualdad de la renta calculados a través de las Cuentas Distributivas Nacionales de las dos últimas décadas en España son superiores a los obtenidos en análisis anteriores. Explica que la desigualdad de ingresos disminuyó durante el auge inmobiliario (1997-2008), pero la crisis financiera detuvo la tendencia en seco. “Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, el aumento del desempleo y el recorte de salarios, el 40% más pobre, y en mayor medida el 50% más pobre, experimentó una caída de sus ingresos en términos relativos mayor que el 10% y el 50% inferior 1% más rico”, apunta.

Estas diferencias están íntimamente relacionadas con la composición de la renta, como explica Martínez-Toledano, radicalmente diferente según el segmento de población considerado. Para el 1% más rico, los ingresos del trabajo (es decir, salarios, pensiones y desempleo) representan menos del 35% de sus ingresos, debido al mayor peso del capital financiero sobre su riqueza total. Para el resto de la población, los ingresos de la actividad económica representan entre el 65% y el 85%.

pérdida de progresividad

El estudio argumenta que los impuestos, las transferencias sociales y el consumo público como la salud y la educación solo reducen parcialmente la desigualdad. “En 2019, el 50% más pobre tenía 14% y 17% antes y después de la redistribución, respectivamente. Sin embargo, los patrones de desigualdad no varían sustancialmente por la acción redistributiva del Estado”, señala.

El peso de los impuestos con respecto a la renta nacional ha sido muy sensible al ciclo económico desde la década de 1990, al igual que su contribución al sistema tributario ha ido cambiando tras la Gran Recesión: el impuesto de sociedades hoy recauda cerca de la mitad que antes del crac financiero, mientras el impuesto sobre la renta personal ha aumentado en importancia. Cambios que, según los autores, “pueden afectar profundamente a la progresividad del sistema”, ―siendo los estratos medios y bajos los que más pagan en proporción a sus ingresos―, que se ha reducido desde 2008.

Más productividad y menos desempleo

El análisis avanza una serie de recomendaciones para reducir la brecha de ingresos antes de impuestos, a través de propuestas en cuatro diferentes áreas interconectadas. El primero de ellos es la educación: los investigadores recomiendan impulsar la formación profesional para reducir las altas tasas de fracaso escolar y apostar por la colaboración entre centros de estudios y empresas. Sin embargo, aclaran que las políticas en este sentido no son suficientes, ya que los individuos de las familias más ricas tienen más oportunidades en el mercado laboral con el mismo grado académico. Por ello, también recomienda medidas “enfocadas a cerrar la brecha social o de clases”.

En segundo lugar, propone impulsar políticas que reduzcan las altas tasas de paro y de temporalidad, “que afectan en gran medida a las clases más bajas”, así como aumentar la productividad apostando por mejorar el valor añadido de los sectores tradicionales y potenciando aquellos en los que España tiene una ventaja comparativa. . La tercera recomendación se centra en combatir la desigualdad de riqueza, por ejemplo, garantizando el acceso asequible a la vivienda habitual para que los colectivos con menores ingresos puedan incrementar sus ahorros. En cuanto al sistema fiscal ―los niveles de presión fiscal son inferiores a la media de la UE―, propone diversas medidas, como la reforma del impuesto de sociedades y la revisión de los impuestos sobre bienes y patrimonios (IBI y patrimonio y sucesiones y donaciones), eliminando deducciones y reduciendo la competencia fiscal entre comunidades.

“Si no se logran mejoras en la productividad y el empleo, así como cambios en el sistema educativo, por mucho que mejoremos el diseño del sistema tributario y de transferencias, será muy difícil evitar que las desigualdades económicas sigan aumentando en el futuro, agravada por tendencias como el envejecimiento demográfico, la transformación tecnológica o el cambio climático”, concluye el documento.