Messi nunca olvidará jugando al fútbol, ​​siempre pegado al balón, consigna del mejor Barça. El 10 fue el mejor solista y también el punto final para el equipo campeón de Guardiola y Luis Enrique. Nadie ha logrado desbancarlo del puesto número uno como se advirtió en París. No tiene posible suplente y así se ha entendido en el Camp Nou tras la quiebra del club por su quimera por encontrar el relevo de Neymar. La alternativa es construir un equipo porque Messi es una cosa y la dependencia de Messide en la que había caído el Barcelona es otra muy distinta.

Nadie niega a Messi pero se trata de aprender a jugar sin Messi. El plan es especialmente sugerente para sus excompañeros, que exigen respeto, ninguno como Braithwaite, y también para los delanteros necesitados de gloria, pocos como Memphis. Ambos destacaron en una plantilla ambiciosa, con excelente juego coral, equilibrado, vibrante en su presentación en Liga.

La afición volvió al Camp Nou cuando Messi se marchó. Nadie había previsto un escenario tan maquiavélico. El desencuentro ha sido sorprendente y forzado, sin que la afición o el jugador del PSG hayan mediado hoy. Aunque minoritaria, la inauguración del estadio fue tan celebrada que quisieron saltar al campo para abrazar incluso al locutor que destroza las orejas e ir en busca de Messi. No hay rastro del rosarino en la propaganda del club y, sin embargo, hubo quienes estaban convencidos de que lo encontrarían en algún rincón, dispuesto a rescatar al equipo en la adversidad o sublimar al colectivo en la bonanza, genio y figura de Barça.

A nadie le extrañó que en el minuto 10 se coreara el nombre de Messi. También se escucharon algunos silbidos, supuestamente de la afición del Barcelona pidiendo apoyo incondicional del equipo, nada o poco que reprochar a Messi. La melancolía dependerá de los goles porque, a diferencia del sueldo, los resultados no se pueden diferir, como sabe el generoso Piqué, hoy la bandera del Barcelona, ​​entregada al club y al equipo, aclamado por el Camp Nou. Aunque fue casualidad, fue poético que el central abriera el marcador en el primer partido post-Messi, al día siguiente de que Piqué ayudara con su dinero a rebajar la nómina para que Memphis y Èric García pudieran jugar.

Memphis lanzó un tiro libre lateral y Piqué se dirigió a la red y luego besó el escudo y señaló el área en una imagen de gran carga simbólica y en un momento de emoción por el juego del equipo de Koeman. Fue media hora de fútbol tan soberbia que los blaugrana se olvidaron de buscar a Messi. La afición azulgrana apretó, solidariamente con y sin balón, más atrevida que nunca, y también virtuosa por los gestos técnicos de Memphis y los disparos de Griezmann. Muy dinámico e incluso profundo, el Barça presionó de forma sincronizada y su fútbol tuvo ritmo y chispa para asombro de la Real. Acostumbrados a presionar, el donostiarra se tomó un tiempo para levantar la cabeza, y aún más para rematar ante Neto.

Atractivo con el balón, el Barcelona también mejoró en la retirada por la implicación de los once jugadores alineados, juntos en la pista ajena y solos, esforzándose por reducir espacios y acelerar la recuperación, como se apunta en el 2-0. Èric puso el pie de Januzaj en una acción en la que los realistas sancionaron falta, el cuero partió hacia De Jong y el centro del holandés fue cabeceado en el segundo palo por Braithwaite. La quietud, y también la impotencia de la Real, contrastaba con la agresividad de un Barça que remató la victoria con un tercer gol, segundo de Braithwaite, tras un rechazo de Remiro.

La rueda de cambios confundió entonces al Barcelona, ​​que se retiró tras haber aprendido a descansar con el balón, feroz en el campo de la Real y blando en el suyo pese a que funcionó la mezcla Piqué-Èric. La Real se metió en el partido en un abrir y cerrar de ojos, en dos jugadas, una del novato Lobete y la segunda en una falta magistral de Oyarzabal. Y luego, en un momento de tensión, Piqué y Lenglet se aplicaron en la presión y llegó el gol de Sergi Roberto, asistido por Braithwaite, una vez sustituido Memphis, el jugador que deslumbró en ausencia de Messi. La consigna es acabar con la dependencia de Messide, no olvidar 10.

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